Teresa de Calcuta

Teresa de Calcuta (Skopje, actual Macedonia, 26 de agosto de 1910 – Calcuta, 5 de septiembre de 1997) obtuvo el Premio Nobel de la Paz en 1979 por su labor humanitaria. A ellos se sumaron una decena de premios y reconocimientos de primer nivel, tanto nacionales como internacionales. Durante más de 45 años atendió a pobres, enfermos, huérfanos y moribundos.

Nacida en el seno de una familia católica albanesa, fue educada en la religión católica. Con doce años ya estaba convencida de que debía dedicarse a la religión y ya pertenecía a una congregación mariana fundada en 1563 y conocida como Sodalicio de Nuestra Señora.

A los dieciocho años abandonó para siempre su ciudad natal y viajó hasta Dublín para profesar en la Congregación de Nuestra Señora de Loreto. Fue admitida como postulante y en noviembre de 1928 se trasladó a Calcuta. Después de hacer sus votos de pobreza, castidad y obediencia como monja el 24 de mayo de 1931, fue trasladada al Colegio de Santa María en Entally, al este de Calcuta. En ese período, eligió ser llamada con el mismo nombre que Teresa de Lisieux, la santa patrona de los misioneros.

Trabajó ahí durante casi veinte años como profesora de historia y geografía hasta que, en 1944, se convirtió en directora del centro. La presencia de moribundos en las calles de la ciudad la llevaron a pedir permiso para dejar su puesto en el convento y dedicarse desde 1948 a cuidar a los enfermos.

Recibió enseñanza médica básica en París con el apoyo financiero de un empresario indio católico y comenzó a trabajar entre los pobres en 1948 enseñándoles a leer. En 1950, año en que adoptó también la nacionalidad india, fundó la congregación de las Misioneras de la Caridad, cuyo pleno reconocimiento encontraría numerosos obstáculos antes de que Pablo VI lo hiciera efectivo en 1965.

Aunque inicialmente la congregación tenía solo trece miembros en Calcuta, en el momento del fallecimiento de la Madre Teresa, la Orden contaba con 5.000 monjas, presentes en orfanatos, hospicios y centros de sida de todo el mundo. En 1952 inauguró el primer hogar para moribundos en Calcuta. Recibió ayuda de diversos funcionarios indios y convirtió un abandonado templo hindú en el Hogar para moribundos “Kalighat”, un hospicio gratuito para los pobres.

En 1955 abrió la institución “Hogar del Niño del Inmaculado Corazón” para los huérfanos y los jóvenes sin hogar. Posteriormente, fundó el centro “Shanti Nagar” para aquellos individuos que padecían la enfermedad de Hansen, que conocemos como lepra.

Su orden comenzó a propagarse por el mundo a partir de 1965, cuando su congregación se estableció en Venezuela con tan solo cinco hermanas. Tres años más tarde se estableció también en Roma, Tanzania y Austria e incluso se extendió por gran parte de Asia, África, Europa y Estados Unidos. En 1963 se funda la rama masculina de su congregación, los Hermanos Misioneros de la Caridad. Lo que lleva a fundar los Padres Misioneros de la Caridad, en 1984, ​para combinar los objetivos profesionales de las hermanas con los recursos del sacerdocio ministerial.

La Santa Sede la designa representante ante la Conferencia Mundial de las Naciones Unidas celebrada en México en 1975 con ocasión del Año Internacional de la Mujer. Cuatro años más tarde recibiría el Premio Nobel de la Paz. A finales de los 80, amplió sus esfuerzos en los países comunistas que habían ignorado a las Misioneras de la Caridad anteriormente y se embarcó en decenas de proyectos. En 1991, Teresa de Calcuta volvió por primera vez a su tierra natal y abrió una casa de Hermanos Misioneros de la Caridad en Tirana.

En los años siguientes, aunque mantuvo su mismo dinamismo en la lucha para paliar el dolor ajeno, su salud comenzó a declinar. Tras superar varias crisis, cedió su puesto de superiora a sor Nirmala, una hindú convertida al cristianismo. Pocos días después de celebrar sus 87 años ingresó en la unidad de cuidados intensivos del asilo de Woodlands, en Calcuta, donde falleció.

A finales de 2015, el Vaticano aprobó su canonización; el 4 de septiembre de 2016, ante más de cien mil fieles congregados en la plaza de San Pedro, el papa Francisco ofició la ceremonia.

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