Rasputín

Grigori Rasputín

Grigori Rasputín (Pokróvskoie, Rusia, 1872 – San Petersburgo, 1916) conocido con el apodo de el Monje Loco, es una de las figuras más enigmáticas de la historia. Un visionario, un profeta, un sanador místico, un brujo, y otros calificativos similares. Su puesto como consejero del Zar de Rusia, contribuyó a la caída de los zares.

A unos 300 km al este de los Urales se encuentra un pequeño pueblo de Siberia Occidental llamado Pokróvskoye. Allí fue donde nació y se crio el pequeño Rasputín. Nunca asistió a la escuela, y los demás le veían como un niño raro. Estaba lleno de tics y ya entonces era conocido por sus profecías o visiones.

A los diecinueve años se casó con Proskovia Fiódorovna, de la que tuvo cuatro hijos, aunque tras un corto período de tiempo abandonó a su familia para viajar por Grecia y Jerusalén. También estuvo en monasterios como peregrino, pero nunca fue monje. En 1904, Rasputín llegó a San Petersburgo y se presentó como un importante místico.

En 1905 fue presentado a la esposa del Zar, Alejandra Fiódorovna, quien ya había oído hablar de sus supuestos poderes curativos. La zarina pensó que podría curar a su hijo Alexis Nikolaiévich, el heredero del trono ruso, que padecía hemofilia.

Rasputín asombró a todos curando temporalmente al hijo de zar con métodos que nadie podía explicar, mediante una especie de hipnosis. Se convirtió en su médico personal y cautivó completamente a la zarina. Su influencia era tan grande que se dice que todas las decisiones del zar Nicolás II eran revisadas por el propio Rasputín. No solo se ganó el favor de la familia real, sino que también buena parte de la aristocracia se rindió a él. Esto se debió sobre todo a su carisma personal.

Su forma de vivir era bastante escandalosa y obscena. Mantenía encuentros sexuales con sus admiradoras, que iban desde mujeres de alta sociedad rusa, mujeres del común y prostitutas que divagaban en las calles marginales de Rusia. Sin embrago los historiadores no han encontrado pruebas concluyentes que afirmen esta vida licenciosa. Independientemente de su veracidad, esta reputación ha sido trasladada a varias biografías, películas e incluso canciones.

A principios de la Primera Guerra Mundial, Rusia atravesaba un momento crítico. El zar Nicolás II asumió el mando del ejército, y Rasputín se hizo con el control absoluto del gobierno. Su profunda influencia en la corte imperial escandalizaba a la opinión pública.

El príncipe Felix Yusupov, heredero de la familia más rica de Rusia, el gran duque Dimitri Pavlovich y el diputado Purishkévich fueron los artífices del asesinato de Rasputín. La fecha en que se llevó a cabo el asesinato fue la noche del 29 de diciembre de 1916. Los hombres invitaron a Rasputín a una cena en el Palacio del príncipe Yusupov, con la excusa de que se reuniría con la gran duquesa Irina Alexándrovna.

En el sótano del palacio se encontraban los vinos, bizcochos y pasteles que eran de su predilección, pero lo que él no sabía es que estos contenían una gran cantidad de cianuro. Aunque se dice que el cianuro no le hizo efecto y deciden dispararle en el corazón. Finalmente, fue lanzado al río Neva desde el puente Petrovski. Finalmente, a pesar del veneno, los disparos y varios golpes murió de ahogamiento.

Rasputín fue enterrado junto al palacio, pero unos años después lo desenterraron y quemaron su cadáver en un bosque. Se dice que, unos días antes de morir, Rasputín pronunció la siguiente profecía a la mismísima zarina: «espero una muerte violenta antes de que acabe el año. Si es a manos de la nobleza, los zares también morirán en el plazo de dos años». Rasputín murió el 30 de diciembre de ese año y toda la familia del Zar, incluidos los niños, fue asesinada dos años después por la revolución bolchevique, terminando con el reinado de los zares en Rusia.

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