Margarita Salas

Margarita Salas

Margarita Salas (Canero, Asturias, 30 de noviembre de 1938​ – Madrid, 7 de noviembre de 2019) contribuyó al desarrollo de la investigación española en el campo de la bioquímica y de la biología molecular. Sus descubrimientos e investigaciones la llevaron a ser requerida por prestigiosas sociedades y centros científicos para contar con su colaboración en algún momento.

Su padre era médico y su madre maestra. En su infancia vivió en el sanatorio psiquiátrico que tenía su padre. Siempre fue buena estudiante, al llegar a la universidad tuvo dudas entre la medicina y las ciencias químicas. La estrecha relación que tuvo desde siempre con la medicina le hizo dudar en un principio. Finalmente, después de realizar un curso selectivo, se decidió por la química.

En el verano de 1958 conoció a Severo Ochoa, quien tendría una gran influencia en su carrera. Asistió a una charla, que versaba sobre su investigación. Margarita quedó fascinada desde entonces por la bioquímica.

Después de su graduación en Ciencias Químicas, Margarita Salas ingresó en el laboratorio de Alberto Sols, pionero de la bioquímica en España. Para conseguir que Alberto Sols la admitiese como doctoranda, Ochoa le escribió una carta de recomendación. Por aquel entonces, Sols esperaba muy poco del trabajo científico de una mujer, pero no pudo negarse a la petición del premio Nobel.

Al concluir los trabajos que estaban desarrollando en el laboratorio de Sols, se trasladaron al laboratorio que Severo Ochoa tenía en Nueva York. Severo Ochoa era consciente de la poca visibilidad que tenía una científica, en un mundo dominado por hombres. En esos tiempos, en la mayoría de casos los descubrimientos solían ser atribuidos al hombre, y la mujer pasaba desapercibida. Así que lo primero que hizo Ochoa fue poner al matrimonio en diferentes grupos de trabajo.

Tres años después deciden volver a España, y dar un impulso a la biología molecular. Pronto se dan cuenta que de cara al exterior ella volvió ser “la mujer de Eladio Viñuela”. Por lo que su marido abandonó el proyecto de investigación que compartían, y comenzó a trabajar por separado. De esa manera dejaba el camino libre a Margarita.

Severo Ochoa les consiguió financiación de la Memorial Fund for Medical Research. Iniciaron su andadura española como únicos investigadores de un laboratorio todavía por equipar. Pocos meses después se convocaron las primeras becas del plan de formación de personal investigador y pudieron seleccionar a su primer estudiante de doctorado, Enrique Méndez. Después se incorporarían cinco estudiantes más.

A partir del año 1967, Margarita Salas, dedicaría gran parte de su vida profesional al estudio de la microbiología molecular. Entre sus numerosos proyectos de investigación y entre sus mayores descubrimientos científicos, destaca el descubrimiento y caracterización de la ADN polimerasa (enzimas que intervienen en el proceso de replicación del ADN) del bacteriófago Φ29 (Phi29).

El virus bacteriano Φ29 tiene propiedades que lo hacen ideal en biotecnología, para amplificar ADN. Es decir, partiendo de cantidades mínimas de ADN, se pueden hacer millones de copias para utilizarlas en análisis genéticos, en medicina forense, en estudios arqueológicos, etc. De esta manera genetistas, biólogos, investigadores forenses o peritos policiales que trabajan con muestras de ADN, pueden copiarlo y ampliarlo.

En 1989, patentaron la ADN polimerasa y concedieron la licencia de explotación a una empresa americana que comercializó una serie de kits con gran éxito. Tanto es así que, durante sus años de explotación hasta que expiró en 2009, fue la patente que más royalties dio al CSIC.

Perteneció a varias de las más prestigiosas sociedades e institutos científicos nacionales e internacionales. Su intensa y larga carrera como investigadora ha sido reconocida con numerosas distinciones: premios, medallas, nombramientos.

El 7 de noviembre de 2019, fallece de una parada cardiorrespiratoria tras una complicación de una dolencia digestiva de la que iba a ser operada.

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