La gripe española

La gripe española se considera la pandemia más devastadora de la historia humana, ya que en solo un año mató entre 20 y 40 millones de personas. Aunque no está muy claro todavía dónde se originó, algunos investigadores afirman que empezó en Francia en el año 1916 o en China en el año 1917, muchos estudios sitúan los primeros casos en la base militar de Fort Riley en Estados Unidos, en marzo de 1918.

La epidemia se expandió simultánea y rápidamente en tres olas sucesivas. La primera ocurrió en la primavera de 1918. Tras un verano relativamente tranquilo, la epidemia reapareció de forma muy virulenta en el otoño (el 75 por ciento de las muertes ocurrió en este período). La última ola se desarrolló durante 1919.

El presidente estadounidense Woodrow Wilson consultó con el general Peyton C. March, jefe del estado mayor estadounidense desde mayo de 1918, si deberían suspender los envíos de tropas a Europa para no propagar la epidemia, pero March le indicó que una noticia así podía perjudicar mucho la marcha en el frente al saber la Triple Alianza los problemas entre las filas de su enemigo. En agosto de 1918 ya eran cerca de un millón y medio de soldados estadounidenses desplazados a Europa, muchos enfermos de gripe española.

Tras registrarse los primeros casos en Europa, la gripe pasó a España. Un país neutral en la Iª Guerra Mundial, que no censuró la publicación de los informes sobre el desarrollo de la enfermedad, a diferencia de los otros países centrados exclusivamente en el conflicto bélico. De ahí el nombre, por parecer en las informaciones de la época que era el único país afectado.

En el frente la ofensiva de 1918 se suspendió por el ejército alemán porque tenía a un millón de soldados enfermos en el mes de mayo. Mientras en mayo de 1918 se cree que más de la mitad de los madrileños habían contraído la enfermedad. Aunque ciudades como Madrid habían pasado lo peor, el 75 % de las muertes se cree que acontecieron en la segunda oleada de 1918,​ porque aunque esta epidemia comenzó siendo una gripe relativamente benigna, su mortalidad fue aumentando progresivamente.

En 1919 la enfermedad ya fue mucho menos virulenta por estar la mayoría de los organismos adaptados al virus. Finalmente en el verano de 1920 el virus desapareció tal y como había llegado.

La tasa de contagios pudo llegar hasta la mitad de la población mundial,​ pero otras fuentes la elevan hasta dos tercios.​ Su tasa de mortalidad puedo estar entre un 3 % y 6 % de la población mundial. España fue uno de los países europeos más afectados con cerca de 8 millones de personas infectadas en mayo de 1918 y más de 200 000 muertes. China alcanzó una mortalidad del 40%.

Dolor de oídos, diarreas, cansancio corporal, fiebre elevada, y vómitos ocasionales eran los síntomas. Pero estos primeros síntomas fueron empeorando según avanzaba la enfermedad. Esto podía empeorar aún más la situación al ir pasando los pacientes de una sección especializada a otra.

Hay que tener en cuenta que en 1918 los científicos todavía no habían descubierto los virus, por lo tanto no había pruebas de laboratorio para diagnosticar, detectar o caracterizar los virus. Se publicitaron miles de remedios milagrosos, pero solamente una medida terapéutica mostró algún éxito y fue la transfusión de sangre de pacientes recuperados a nuevas víctimas.

Fue en los años cuarenta cuando el ejército de los Estados Unidos desarrolló las primeras vacunas inactivas aprobadas para la gripe española, que se utilizaron en la II Guerra Mundial.

Pero ojo, por que en la actualidad si se produjera una zoonosis causante de un virus muy virulento y del que la especie humana no ha tenido contacto alguno, no se considera posible detenerlo con los medios actuales, al menos la primera oleada. Aunque la Humanidad cuenta ahora con varias ventajas respecto a la situación científica y técnica de 1918.

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