Isabel la Católica

Isabel I de Castilla

Isabel I de Castilla (Madrigal de las Altas Torres, Avila, 22 de abril de 1451 – Medina del Campo, Valladolid, 26 de noviembre de 1504) fue reina de Castilla, reina consorte de Sicilia y de Aragón,​ por su matrimonio con Fernando de Aragón. También ejerció como señora de Vizcaya. Se la conoce también como Isabel la Católica, título que le fue otorgado a ella y a su marido por el papa Alejandro VI mediante bula en 1496.

Hija de Juan II de Castilla y de su segunda mujer, Isabel de Portugal. A la muerte de su padre en 1454, Isabel fue enviada con su madre y su hermano Alfonso a la villa de Arévalo. Alli vivieron una época de dificultades, incluso económicas. En 1461, Isabel y su hermano Alfonso son trasladados a Segovia, lugar donde se emplazaba la Corte. En 1468 Alfonso murió en Cardeñosa, se piensa que pudo ser envenenado.

En 1468 Enrique IV reconoció a la princesa Isabel como heredera al trono en el pacto de los Toros de Guisando. Privó de sus derechos sucesorios a su propia hija, la princesa Juana. Las malas lenguas decían que la princesa Juana era en realidad hija de Beltrán de la Cueva, duque de Alburquerque; de ahí su sobrenombre de Juana la Beltraneja. Se le otorga el título de princesa de Asturias y a partir de este momento, Isabel pasa a residir en Ocaña, villa perteneciente a don Juan Pacheco, marqués de Villena.

Con el objetivo de consolidar su posición política, los consejeros de Isabel la Católica acordaron su boda con el príncipe Fernando de Aragón, primogénito de Juan II de Aragón, enlace que se celebró en secreto, en Valladolid, el 19 de octubre de 1469. El matrimonio costó a Isabel el enfrentamiento con su hermanastro el rey. Este decidió desheredar a Isabel y rehabilitar en su condición de heredera a Juana la Beltraneja, que fue desposada con Alfonso V de Portugal.

Al morir Enrique IV, Isabel se proclamó reina de Castilla el 13 de diciembre de 1474 en Segovia, basando su legitimidad en el Tratado de los Toros de Guisando. Estalló entonces la guerra de Sucesión castellana (1475-1479) entre los partidarios de Isabel y los de su sobrina Juana. El Tratado de Alcaçovas puso fin a la contienda, reconociendo a Isabel y Fernando como reyes de Castilla a cambio de ciertas concesiones a Portugal.

Ella y su esposo Fernando conquistaron el Reino nazarí de Granada. Isabel reorganizó el sistema de gobierno y la administración, centralizando competencias que antes ostentaban los nobles; reformó el sistema de seguridad ciudadana y llevó a cabo una reforma económica para reducir la deuda que el reino había heredado de su hermanastro. El mayor logro de la política exterior isabelina fue, sin duda, el apoyo a la expedición que culminaría con el descubrimiento de América por Cristóbal Colón (1492).

Isabel la Católica llevó a cabo una profunda reforma eclesiástica con la ayuda del cardenal Cisneros, creó el tribunal de la Inquisición española para velar por la ortodoxia católica (1478) y culminó el proceso de unificación religiosa con la expulsión de los judíos (1492) y los mudéjares (1502).

Al final de sus días, las desgracias familiares se cebaron con ella. La muerte de su madre Isabel, su único hijo varón y el aborto de la esposa de este, la muerte de su primogénita y de su nieto Miguel, la presunta «locura» de su hija Juana, la marcha de su hija María a Portugal… la sumieron en una profunda depresión que hizo que vistiera de riguroso luto el resto de su vida.

Una grave enfermedad, hidropesía, la llevó a la muerte ,el 26 de noviembre de 1504. El trono castellano pasó a su hija Juana la Loca (Juana I de Castilla).

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