Carlomagno, padre de Europa

Carlomagno

Carlomagno (2 de abril de 742 o 747 – 28 de enero de 814) expandió los distintos reinos francos hasta transformarlos en un imperio, al que incorporó gran parte de Europa Occidental y Central. Conquistó Italia y fue coronado Imperator Augustus por el papa León III el 25 de diciembre de 800 en Roma.

Hijo del rey Pipino el Breve y de Bertrada de Laon, sucedió a su padre y virreinó con su hermano, Carlomán I. Aunque las relaciones entre ambos se tornaron tensas, la repentina muerte de Carlomán evitó que estallara la guerra. Carlomagno completó sus posesiones con los territorios orientales concedidos a su hermano Carlomán.

El año del nombramiento como papa de Adriano I (772), este demandó que le fuera reintegrado el control sobre ciertas ciudades constituyentes del antiguo Exarcado de Rávena (centro del poder bizantino en Italia desde finales del siglo VI hasta el año 751), a cambio de un acuerdo respecto de la sucesión de Desiderio. Pero Desiderio tomó algunas ciudades papales e invadió Pentápolis en su camino hacia Roma. El papa Adriano I pidió ayuda contra Desiderio, Carlomagno invadió Italia, derrocando a Desiderio (774) y asumiendo el título real.

A pesar de su victoria, los territorios italianos continuaban inestables. Carlomagno tuvo que concentrar sus energías en la conquista de Sajonia (norte de Alemania), empresa que le exigió dieciocho campañas sucesivas entre los años 772 y 804.

Su intento infructuoso de penetrar en España, fue abortado por la derrota que le infligieron los vascos en la batalla de Roncesvalles (778), pero que le sirvió al menos para someter una parte al reino franco, que iba de Pamplona a Barcelona.

A través de sus conquistas militares, sometiendo a sajones, bávaros y abriéndose frontera en España, Carlomagno logró extender su imperio incorporando gran parte de Occidente y Centro de Europa. Carlomagno llegó a la cumbre de su poder en el año 800. El reino de Carlomagno correspondía a la totalidad de lo que hoy son Francia, Suiza, Austria, Bélgica, Holanda y Luxemburgo, y la mayor parte de Alemania, Italia, Hungría, la República Checa, Eslovaquia y Croacia.

El día de Navidad del año 800 el papa León III coronó a Carlomagno emperador, dando comienzo así un nuevo Imperio germánico, que perviviría hasta comienzos del siglo XIX. Estos hechos provocaron la indignación de la corte imperial, que se negó a reconocer su pretendido título. Finalmente, en 812 Miguel I Rangabé reconoció a Carlomagno como emperador. Durante su reinado se produjo el Renacimiento Carolingio puesto que renació el arte, la arquitectura y la literatura que lo caracterizan. La mayor parte de las obras que sobreviven de latín clásico fueron copiadas y conservadas por los eruditos carolingios.

A pesar del alto grado de violencia y de anarquía que presidía la vida social de la época, el Imperio carolingio hizo un gran esfuerzo de organización político-administrativa. La religión cristiana constituía un elemento cultural de integración, de estabilidad y de orden social, que el emperador se encargó de cultivar A través de sus conquistas y reformas internas, fomentó la creación de una entidad europea común, uniendo por primera vez la mayor parte de Europa Occidental. Hoy día, Carlomagno es considerado no solo como el fundador de las monarquías francesa y alemana, que le nombran como Carlos I, sino también como “el padre de Europa”.

Carlomagno gobernó su imperio durante 14 años hasta su muerte por causas naturales en el año 814. Fue sucedido por su hijo superviviente, Ludovico, quien había sido coronado el año anterior. Su imperio permaneció intacto una sola generación más; la historiografía afirma que la división efectiva entre los hijos de Ludovico dio pie a la formación de los modernos estados de Francia y Alemania.

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